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sábado, 10 de julio de 2010

LA NARANJA MECANICA A LA FINAL

Holanda venció a Uruguay por 3 a 2.

Los cuatro semifinalistas del mundial han demostrado su propia identidad futbolística expresado en el campo de juego y por ello han logrado colocarse entre los cuatro mejores del mundo.

La primera semifinal del Mundial Sudáfrica 2010 entre Holanda y Uruguay fue uno de los partidos más emotivos y mejor jugados del certamen hasta el día de hoy.

El técnico Uruguayo, “Maestro” Tabarez tuvo serias complicaciones parea armar su once titular debido a las lesiones y suspendidos que dejo como saldo la instancia anterior. El seleccionado charrúa no claudico en su estilo aguerrido de defenderse principalmente sin la pelota y tratando de conservar la posesión del mismo por más tiempo. Por el otro lado la “Naranja Mecánica” tomo la iniciativa en los primeros y fue al ataque. A los 18 minutos encuentra el primer gol con un disparo fuera del área a 35 metros del arco por parte del capitán holandés, Giovanni Bronckhorst, con ello cambio la historia del partido.

Con el gol en contra Uruguay tuvo que hacer lo que menos se le acomodaba, ir a buscar el partido tomando sus precauciones defensivas. Durante el transcurso del primer tiempo el partido fue bastante disputado en el medio campo y tuvo algunas ocasiones de gol no tan claras por cierto. Holanda trataba de mantener el partido bajo control adormeciendo al rival lateralizando el balón, para ir al descanso con la venta de un gol.

Holanda le concedió el metro cuadrado que necesita todo goleador para llegar a la red. Diego Forlan ilumino el cielo con un disparo salvador de fuera del área poco antes de finalizar el primer tiempo (41 min). Forlan volvía a devolverle la vida a Uruguay y le pagaba con la misma brillosa moneda a Holanda: Ambos sendos golazos de alto calibre, el partido era entretenido y de ida y vuelta. Todo volvía a empezar.

Holanda para el segundo tiempo hizo de su banca de suplentes mandando al campo de juego a Van Der Vaart por Zeeuw lo cual fue oportuno debido a que el equipo tulipán cambio, tuvo mayor movilidad Robben, Van Persie, Snaijer y Kuyt.

Pero Uruguay comienza a creer en su posibilidad de ganar el partido y comienza a intercalar la posesión del balón con situaciones de gol para ambos, el partido ganaba intensidad. Sin embargo al minuto 70 Wesley Sneijer dispara cruzado al borde del área y tras desviarse en dos ocasiones entre las piernas uruguayas el balón ingresa junto al palo izquierdo del arquero uruguayo Muslera. Era el 2 – 1 y pone la diferencia en el mejor momento de Uruguay.

Uruguay va decididamente en busca del empate con lo cual soltaron las marcas y fue castigado por el buen pie de los jugadores de la naranja mecánica. El inobjetable y resucitado Arjem Robben marcaba el tercero de golpe de cabeza a solo 3 minutos del anterior con lo cual el partido parecía liquidado. 3 a 1 a los 73 minutos.

Para reinventar un partido ya definido aparece la garra charrúa, en la búsqueda del partido demostrando amor a la camiseta y vergüenza deportiva. Maximiliano Pereira descuenta para Uruguay en los descuentos y lo que siguió del partido fue lucha, entrega y una ansiedad de gloria inigualable por parte de los dirigidos por Tabarez. Pitazo final.

Holanda Clasifica a la final y lo merece por el futbol que propuso durante el mundial, por sus planteamientos buscando el arco rival con la prudencia y el buen manejo de los partidos. Holanda hace justicia al futbol, lo reivindica.



domingo, 20 de junio de 2010

Un triunfo Soberbio y sorpresivo

La cosa estaba un poco difícil de determinar, o Alemania era un candidato firme para el título o Australia tenía la misma habilidad que un canguro boxeador para mesero. Parece que era un poco de las dos. La segunda presentación del equipo de Loew estaba obligada a reeditar la efectividad y claridad mostrada hasta el momento. Pero en los mundiales no solo se juega en el campo. También se enfrentan identidades, el peso de la historia de los hombres y de las naciones. En el momento donde las nacionalidades interpretaban el mundo teológicamente se evocaba a un custodio de su propio porvenir para garantizar la continuidad de cada pueblo. A este custodio lo llamaron el ángel de las naciones. Sea un ánima divina o el peso de los acontecimientos hilvanados por los hombres en la lid, en la batalla o en el juego, se evidencian las formas de expresión de una colectividad, los temores y rezos


Alemania había hecho gala de toque, balance y de tener una delantera mortal. La ansiedad de Klose por ser el máximo goleador de los mundiales y la ambición de un equipo que había perdido a su referente, al nuevo Káiser, Ballak (como lo fueron Bekhembawer, Effemberg y Mathaus en su momento), lo llevaron a un ritmo endemoniado en su primer partido. Ya sea como respaldo a su compañero ausente, como el motín de las individualidades o como la sensación de liberarse del tirano. Porque Alemania siempre piensa en grande, en imperio, en el águila bicéfala de Roma, pero sobretodo… es especialista y cuidadoso para mantener su posición soberana. Cuando a Alemania le dan el lugar de privilegio que siempre reclama como reservada para su estirpe aria no tendrá misericordia con el conquistado. Australia lo miró hacia arriba en todo momento y fue lanzada al Gueto de los goleados, a la cámara de asfixia donde quedan aquellos cegados por el pasado del imperio romano germánico, o el recuerdo de la esvástica como imágenes hechiceras. El reino del hipnotismo, de la tiranía o la efigie reluciente del poder.


Pero esta vez tenía en frente a unos de los locos de la guerra. Si hay alguna nación que ha hecho de su historia una eterna guerra esa es Serbia. El partido simplemente fue de trámite discreto. Una Alemania esperando le rindan pleitesía o dejando que la camiseta alba hiciera el trabajo atemorizante esperando el invierno de la templanza serbia. Que nunca llegó. Ellos están acostumbrados a la onda de David. Siempre en medio de las disputas, en medio de ideologías apasionadas, tierra de 17 emperadores romanos, amigos de Bizancio, luego del sacro imperio romano germánico para luego ser enemigos de los otomanos, de quienes se liberaron junto a los rusos. Alguna vez fue imperio también, alguna vez fue parte de la locura nazi, de la utopía de de la Yugoslavia de Tito y luego verdugo cruel de sus hermanos de Kosovo para terminar el ciclo. Serbia esperó y esperó, como en toda su historia, a que la locura del gol perdiera a Klose y saliera del campo tempranamente. A que la ausencia del Kaiser dejara huérfanos en la dificultad al equipo alemán y con la misma sabiduría con que han sabido manejar las pasiones de su nación, llevar a la arena al guerrero alemán sin general. Donde el águila de Serbia aún es bicéfala para dar cuenta de las entrañas de la identidad germana, ahí donde parecía ser divina e inmortal la grandeza del ángel alemán, el espectáculo de la caída de un grande se hace majestuoso. Sabiendo a donde va, defendiendo con orden, con la pretensión de solo manejar el juego, saber agazaparse y esperar sacar la garra para enviar el golpe letal. La caída libre era inminente, ni siquiera el penal lo salvaría. Al final Loew padecía la frustración del soberbio mientras bailaba a ritmo de Goran Bregovic su propio ángel y un ebrio hincha serbio.